Texto: Oriana Meléndez Altúzar
Este año, para ser más específicos el 25 de mayo, se cumplirán 85 años del nacimiento de Rosario Castellanos Figueroa, una de las figuras más desta
cadas de la cultura de México y la escritora chiapaneca más reconocida tanto a nivel nacional como internacional.
A manera de homenaje a su trayectoria y para despertar la curiosidad en volver a leer su obra o leerla por primera vez, Universa comparte aspectos de la vida y del legado de esta mujer, baluarte chiapaneco.
Rosario nació en la Ciudad de México, pero al poco tiempo su familia se mudó a Comitán de Domínguez. La familia Castellanos era fiel representante de la clase terrateniente chiapaneca, clase que impuso su dominio desde mediados del siglo XIX en la región de los Altos Centrales y la Frontera. Un año después que ella nació Mario Benjamín, su único hermano, que moriría de apendicitis a los siete años.
Este hecho trágico estaría presente en la vida y obra de la autora.
Como se acostumbraba en las familias de abolengo, Rosario Castellanos fue criada por su nana indígena Rufina y tenía a su servicio a otra indígena tseltal, María Escandón, que fungía como su “cargadora” y compañera de juegos. Sin duda estas dos personas influyen en la visión del mundo indígena que construiría la autora a través de su obra.
Rosario Castellanos estudió la licenciatura y maestría en Filosofía en la UNAM, donde posteriormente fungiría como catedrática de la facultad de Filosofía y letras. A lo largo de su vida escribió cuentos, novelas, poesías, ensayos y hasta obras de teatro, que versaban sobre temáticas como la soledad, el amor, la opresión, las diferencias sociales. La inteligencia y brillo de esa “lívida luz” que esparcía Rosario
Castellanos fue poco valorada en su época, sin embargo su trabajo y calidad literaria fue reconocida por muchos premios como el Premio Chiapas de 1958, el premio Xavier Villaurrutia en 1961, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 1962 y el Premio Elías Sourasky de letras en 1972.
Sobre cómo empezó su camino en la literatura y escribió su primer libro, Trayectoria del polvo, Rosario Castellanos le responde en entrevista a Emmanuel Carballo:
‘’A partir de 1940 comencé a escribir poemas. Mis primeras influencias fueron las más fáciles de adquirir, ya que mi formación literaria era muy deficiente. En 1948 encontré un libro revelador: la antología Laurel. Ahí leí Muerte sin fin, de José Gorostiza, que me produjo una conmoción de la que no me he repuesto nunca. Bajo su estímulo inmediato, aunque como influjo no se note, escribí en una semana Trayectoria del polvo. Es una especie de resumen de mis conocimientos sobre la vida, sobre mí misma y sobre los demás. Supuse que la mejor manera de expresarme era el poema largo, de gran aliento, aunque yo no lo tuviera”.
En la misma entrevista, Rosario Castellanos enuncia también “reflexiono sobre el mundo, ya no como objeto de contemplación estética sino como lugar de lucha en el que uno está comprometido”. Y es ese compromiso la que la hizo regresar a Chiapas y tener una destacada labor en la promoción de la cultura para el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, y en la lucha por mejores condiciones de vida para los indígenas a través del Instituto Nacional Indigenista.
En otra entrevista, ofrecida a María Luisa Cresta, destacada escritora argentina, Rosario Castellanos expresa:
Me siento comprometida con una realidad con la cual no estoy conforme y con la cual quiero colaborar para que de alguna manera cambie. Ahora, ¿cómo puedo cambiar esa realidad? ¿Un libro mío va a hacer esa metamorfosis casi instantánea? No, pero de alguna manera va a crear conciencia de una, dos gentes, tres gentes ahora, dentro de veinte años, dentro de un siglo, pero va a crearla de todas maneras.
Casi 40 años después, el Subcomandante Marcos señalaba que uno de sus libros de cabecera era Oficio de Tinieblas, novela que aborda la sublevación indígena. Rosario Castellanos causa una empatía en el lector que permite a éste identificarse y sentirse íntimamente ligados a la autora con el cariño, el respeto y el amor que le provoca. Su obra ha sido objeto de varios análisis y estudios, desde literarios hasta psicoanalíticos.
Entre las temáticas ahondadas por Castellanos tanto en su narrativa, su poesía o en su ensayística, se encuentra la problemática de la mujer. En la entrevista con María Luisa Cresta, expresaba: “Ser mujer en México es un problema; entonces hay que planteárselo de la forma más lúcida posible porque creo que es la manera de dar un paso hacia su solución.”
Y enuncia en este respecto que:
…en la realidad, las costumbres siguen imponiéndose, y esta mujer que “de hecho” goza de tantas igualdades y “de derecho” también, cuando trata de vivir su propia vida, tiene que someterse a una moral feudal periclitada. Entonces, esta serie de contradicciones, que además yo he padecido de una manera mucho más intensa, por el oficio que escogí, el de escritora, me ha preocupado, y en muchos casos me ha sublevado, sin que por esto quiera decir que soy feminista en el sentido cursi de la palabra.
En algunas ocasiones se ha calificado su obra de regionalista porque ella supo realmente expresar en sus escritos el ambiente de los Altos de Chiapas, sin embargo plasma problemáticas universales como la incomunicación o el racismo, lo que por sí mismos son objetos de interesantes análisis en un mundo social donde tales procesos desafortunadamente siguen vigentes.
Rosario Castellanos padeció de alguna manera que la crítica de la época le pusiera la etiqueta de feminista o indigenista, pero esas etiquetas demeritaban la conciencia de una intelectual que siempre estuvo más allá de los encasillamientos y a juicio de Marisa Trejo Sirvent en su artículo Un acercamiento a Rosario Castellanos, “Lo que hizo que Rosario fuese en ocasiones rechazada y no valorada verdaderamente en su dimensión, por la crítica, fue quizás su inteligencia, lo mismo que le ocurrió a Sor Juana, en su época.”
Han pasado 36 años desde que un desafortunado accidente doméstico acabara con la vida de esta chiapaneca inscrita ya en la globalidad, por la importancia de sus obras y la trascendencia de su legado, aún vigente en un mundo convulso en que el amor, la soledad, el racismo y la injusticia convergen en la cotidianeidad. De allí la invitación a leer o releer la obra de Castellanos, navegar en “El mar y sus pescaditos”, la realidad de “Balún Canán”, la ironía de “El eterno femenino”, las historias de “Ciudad Real” o “Los Convidados de Agosto” y la lírica de “Lívida Luz” o “Poesía no eres tú”.
“Sólo después de muerta, el reconocimiento a sus méritos humanos y literarios se hizo realidad”, indicó alguna vez la escritora Elena Poniatowska en el marco del Festival Cultural que se celebra cada año en Comitán de Domínguez para conmemorar a Rosario Castellanos, pero el verdadero reconocimiento es seguirla leyendo, seguirla disfrutando.
BIBLIOGRAFÍA:
Carballo, Emmanuel. (1986). “Rosario Castellanos 1925-1974”; Protagonistas de la literatura mexicana. Consejo Nacional de Fomento Educativo. Segunda Serie. Colección Lecturas
Mexicanas No. 48. México.
Trejo Sirvent, Marisa. “Un acercamiento a Rosario Castellanos”.
Cresta de Leguizamón, María Luisa. “En recuerdo de Rosario
Castellanos” México DF. 1965.














